Qué, mi olor es qué, ¿artificial?, pensaba en esas palabras mientras mi vejiga orgasmeaba los últimos litros de coca, tequila y sexo. Sentí ese frío rico que entraba por la ventana, me puse duro de nuevo y miré por la puerta para clavarme en tu espalda, en tus lunares, tu cabello recién pintado, las margaritas en el suelo, la cámara esperando más fotografías tuyas y mis labios pegajosos.
Regresé vacío, frío, tartamudeaba al besarte los poros de las piernas, de tus muslos torneados por el ejercicio, me dejabas sentir tu amor. La luz se filtraba muy poquito, llenaba de polvo mis narices, como el polvo que cortaste en la mesita, por las pocas botellas que bebimos y las bestiales sonrisas que nos cargamos toda la mañana.
Y es tan normal describirlo en la mesa, tú con mi camisa tan sexy, con esa ropa ajustada. Con tus piernas totalmente radiantes, tu cabello despeinado pero que en milésimas de segundo se vuelca hacia tus orejas, me deja mirar los aretes que tanto estorbaron ayer.
Regresé oliendo mi camisa que guardaba tu aroma, el de tu cuerpo, el de tu sexo y mis labios. El juego de nuestras miradas, los lentes que ocupamos tomando café en la mañana, salimos como novios, tomados de la mano. Así dormimos toda la noche, abrazados, aunque no te gustaba, me dejabas mirarte de reojo sobre tu playera, miraba tu brassier, y los pechos que me sé de memoria, que memoricé con mis labios, con mis manos y con las tuyas. Memorizamos las líneas para describirnos cada que alguien pregunte por nosotros.
Fui a ver al amor de mí vida me salió de respuesta todo el lunes, incluido el clásico: y sólo te traje esta pinche playera que dice Tijuana. Adoré pasar el 14 a tu lado, con tu ronronea, con tus postres, con tus piernas y con tus ojos que me hacen repasar la noche una y otra vez en mi mente y en la libreta.
lunes, 15 de febrero de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
Inverosímil
Imagino cómo te sientes, pero no amor, no lo hagas, no niegues que eres una mujer de verdad. No digas que espero algo más, te espero a ti y a nadie más. No creas que no te conozco, digo, tú lo sabes. Te amo mi vida.
Sé que tendremos que pasar por muchas cosas, pero no me importa, en las buenas y en las malas. Perdón por presionar con el tiempo, llegará y será genial. Tenemos tanto de qué platicar, soy feliz a tu lado, de tus sueños, los míos, los días, los grupos, canciones, idiomas, salidas, noches, sexo, sexo, amor, amor, sexo, libros, poemas, tus labios y los mios.
Me encanta tu voz, de cerquita, cuando ronroneas en mis oídos, cuando lo hago en los tuyos, tus manos largas y las mías tan pequeñas pero calientes. Tus hombros, tus lunares. Que parezcamos niños conociendo el amor, yo rayando en mi cuaderno tu nombre, tú escribiendo el mío en las cartas, en mis entradas, en mis canciones.
Y me dice tu edad
la luna en paz
que no te deja de mirar
al pasar
la noche en tu haz celestial.
Le digo del mensaje
que dará al llegar
el ángel que espera
arribar a tu hogar
Malditos días sin ti
Sin ti los paso
Paso los versos
Sobre tus labios
Te amo como loco
como Sor Juana amó
el fruto prohibido
de la noche
esperando tu arribo.
Y así, unos versos
robados de tus labios
como los besos
que aún no nos damos.
viernes, 12 de febrero de 2010
La despedida.
Y fue así como un día llegamos al café ese que me gusta tanto. Preguntaste que tomaría, y dejé que tú eligieras por mí, un latte italiano y una medialuna. Delicioso.
Me preocupaba que no hubiéramos hablado de ciertas cosas que yo consideraba muy importantes, ya sabes, asuntos pendientes.
Quería hablarte pero es tan difícil, tus ojos me distraen, tu mano nerviosa jugueteando con la servilleta, ese cabello que te tapa la cara y que a cada rato acomodas.
Y yo como una verdadera idiota, balbuceando incoherencias...algo así como que necesitaba que supieras que tal vez yo no soy lo que tú quisieras que yo fuera, o que yo quisiera ser lo que tú quisieras que yo fuera y que no soy... o todo lo contrario, y que el amor es muy bonito pero...
-"¿parece que te estás despidiendo de mi, que me quieres decir?"
¿Despedirme de ti, cómo habría eso de ser, si apenas te había encontrado, apenas supe que la vida recién comenzaba, a tu lado, con el pecho lleno de felicidad, con una sonrisa eterna dibujada en la cara... cómo podrías pensar que me despedía?
Y es que soy tan torpe...
Y debiste ver la desesperación en mis ojos, que te inclinaste sobre la mesa y me besaste.
El tiempo se detuvo, como siempre.
Nos besamos dos, tres, siete veces.
Cambiaste de lugar para venir a sentarte a mi lado y que pudiera recargar mi cabeza en tu hombro.
Amoroso, como eres, me llevaste a casa, besando mi cara y mis manos todo el camino.
Ese día me despedí de la fijación absurda con los asuntos pendientes.
Me preocupaba que no hubiéramos hablado de ciertas cosas que yo consideraba muy importantes, ya sabes, asuntos pendientes.
Quería hablarte pero es tan difícil, tus ojos me distraen, tu mano nerviosa jugueteando con la servilleta, ese cabello que te tapa la cara y que a cada rato acomodas.
Y yo como una verdadera idiota, balbuceando incoherencias...algo así como que necesitaba que supieras que tal vez yo no soy lo que tú quisieras que yo fuera, o que yo quisiera ser lo que tú quisieras que yo fuera y que no soy... o todo lo contrario, y que el amor es muy bonito pero...
-"¿parece que te estás despidiendo de mi, que me quieres decir?"
¿Despedirme de ti, cómo habría eso de ser, si apenas te había encontrado, apenas supe que la vida recién comenzaba, a tu lado, con el pecho lleno de felicidad, con una sonrisa eterna dibujada en la cara... cómo podrías pensar que me despedía?
Y es que soy tan torpe...
Y debiste ver la desesperación en mis ojos, que te inclinaste sobre la mesa y me besaste.
El tiempo se detuvo, como siempre.
Nos besamos dos, tres, siete veces.
Cambiaste de lugar para venir a sentarte a mi lado y que pudiera recargar mi cabeza en tu hombro.
Amoroso, como eres, me llevaste a casa, besando mi cara y mis manos todo el camino.
Ese día me despedí de la fijación absurda con los asuntos pendientes.
martes, 9 de febrero de 2010
Cuando no estás
La vida me sabe simple. Pasas por la ventana sin detenerte. Miras alrededor y no me encuentras. Te necesito. Me encanta amarte. Manejar hasta tu casa, dar vuelta en la 25, regresar a la 27, subir las escaleras hasta tu cuarto. Quitarme los zapatos. Tocarte el cabello, revolverlo, hacerlo junto con tu cabeza. Morderte el labio. Seguir con tu cuello, con tus pechos, con las orejas, con los bordes de tu cintura.
Me faltan tus palabras. Tus te quiero salidos del alma. Robaste la mía. Le hiciste el amor, la sedujiste, me tienes fascinado, enamorado, inquieto. Te necesito, me haces falta. Que leas en las noches mis textos, los tuyos, tus poemas que me encielabismas. Susurras mis fantasías, dejas que mire tus ojos y te las pida y, las hacemos, las destruimos, las reinventamos. Estoy listo. Estamos listos para continuar, para dar un paso más.
Me inspira. Tu silueta por la ventana que se diluye me inspira, que sepa que te besaré como si fuese la primera me inspira. Que me hables y me dejes cartas regadas con fotos de anoche me enloquece. Que me pidas más me mata. Usando la playera que sólo te pones para que la quite de tus hombres me excita.
Me vuelvo loco. Se me antojan menos las películas, a tu autor preferido, a Zeppelin. Pero recuerdo tu voz y me acorruco en tus recuerdos, en tus pechos que tanto he besado y admirado. En tu ropa que me dejas arrancarla, en la mía que tanto te cuesta arrugar porque odias que no me guste lo que me compras y-con maldad- me las ponga cuando salimos y-sin pensarlo- sabemos que regresaremos a nuestra casa para hacernos el amor.
Te escribo. Como ahora, como siempre, como la primera vez que te leí y fue la primera vez que nos conocimos. Recuerdo tu endiablada inteligencia y las noches donde no dejabas de pedirte que leyera algo, y salía, no inventaba nada, me dejaba llevar, cerrábamos lo ojos y viajábamos como ahora lo hemos hecho. Así como me dices en las noches: “Lo que tú quieras- whatever that makes you happy, whatever you want (you are so fuckin special!)”.
lunes, 8 de febrero de 2010
Rojo
Le robé el rojo a las estrellas.
Como los besos de la primera, de la segunda, de anoche. Así, las estrellas que ya nadie mira las veía en tus ojos, que brillaban, que me pedían que te tomara entre mis brazos, abrazos, besos y todo.
Y sólo una razón existe. Me encantas y quiero vivir contigo.
Se me antoja
Quiero ser la única que te muerda la boca
Quiero saber que la vida contigo no va a terminar.
Te pedí que no me preguntaras todo lo que había vivido. No fue por guardar secretos, sino porque finalmente sentí haber dejado atrás toda esa tristeza, la confusión y el corazón roto.
Tuve momentos gratos, sí, pero la tormenta se lo tragó todo, dejándome sola, en un estado de devastación, sin saber siquiera porqué merecía tanto desprecio, porqué me quedaba solo un hilacha de dignidad.
Quiero saber que la vida contigo no va a terminar.
Te pedí que no me preguntaras todo lo que había vivido. No fue por guardar secretos, sino porque finalmente sentí haber dejado atrás toda esa tristeza, la confusión y el corazón roto.
Tuve momentos gratos, sí, pero la tormenta se lo tragó todo, dejándome sola, en un estado de devastación, sin saber siquiera porqué merecía tanto desprecio, porqué me quedaba solo un hilacha de dignidad.
Si bien dicen que el matrimonio es malo, que no sirve, yo digo que simplemente me equivoqué. Era joven y él también.
Tú entiendes. No es que no pueda hablar de ello, sino que aunque ha pasado tanto tiempo el recuerdo maldito se queda conmigo.
El día que te encontré ahí, casi por accidente, quise no quererte. Pensé en tus ojos, en tu experiencia, en tu plática que me tenía enlucielabismada, y hubiera preferido no seguirte, de un bar al otro, por las calles tan de madrugada, pero no lo pude evitar.
Y luego me buscaste, trataste de coincidir conmigo y yo no pude más que huir, como huyen los animales asustadizos, nerviosos.
Estoy cansada de estar sola sabes? estoy lista para empezar de nuevo. Se me antoja tanto la vida a tu lado, entre libros, viniles viejos, películas y tazas de café, dormir entre tus brazos.
Se me antojan esos viajes que me cuentas, se me antoja de tu mano: Buenos Aires, Cuba, Paris y por supuesto Portugal.
Se me antojan los bares, pero también se me antoja el hogar, la privacidad y la complicidad de una cama para dos, platicar, y leerte poemas.
Para sentir que me quieres y poderte -al fin- ver a los ojos y decirte lo que siento por ti, y que puedas sentir como se agitan todos los sentimientos en mi pecho cuando te me acercas.
Después de tanto tiempo convenciéndome que estaba mejor sola, apareciste, y ahora se me antoja estar viva, para vivir contigo, para compartir lo poco que tengo pero que sospecho te hace mucha falta: mi compañía, mi amor.
Es fácil escribirte esto, ahora que no estás.
Cuando te vea, me fumare todos los cigarros y no podré decirte nada.
Rompe esto al terminar de leerme.
Monique.
domingo, 7 de febrero de 2010
Espejos
Una amiga siempre me dijo que ella viviría hasta los 23 años. Con ese planteamiento, el amor debe ser al 1000/hr. Arriesgarnos por el todo, brincar desde lo más alto para caer siempre entre tus brazos. Eso me hiciste cuando miraba que entrabas al bar con todos tus amigos, me regalabas miradas barridas cuando, para no tropezar, bajabas los lentes y tratabas de acercar la silla, esa que siempre fue jalada por tipos como yo dispuestos a moverla hasta tu cuerpo.
Siempre estuve muy lejos de tu mesa, pero voltea constantemente para mirarte, verte jalarle al cigarro, al polvo, a la chela, a lo que se te pusiera enfrente. Eras la VIP del salón, la chica rubia, la playmate, mi Monica Belluci, mi amor (no lo eras antes, ahora sí).
Tienes comiendo de tus manos a todos. Recuerdo: Cabello negrísimo. Labios rojos. Inteligente. Cigarro y copa en mano. Sonrisas y miles de miradas hacia ti. La mía una más que desde lejos te admiraba cual rockstar en la escena. Era tu escenario, eran tus amigos, eran tus admiradores.
Pero ocurrió, no conté hasta 10 como la película que viniste a mirar conmigo al DF, no. Sólo nos cruzamos al mismo tiempo, no dejé que me vencieras, ni tú cediste un parpadeo. Al contrario, mordí mi labio, traté de seducirte, pero nada. Regresaste los ojos a tu mesa como si nada hubiera ocurrido. Pero me buscaste, o eso quiero creer. Por el espejo se veían tus ojos, brillantes, hermosos, calientes, que buscaban lo míos; pequeños, tristes, sin sabor, pero los cuales disfrutamos a diario.
Esa era la respuesta, creo que así nos conocimos. Bueno, después te busqué por todos lados, preguntaba por Conflictiva. Hasta el día en la librería, te diste cuenta que tenía tu libro en mis manos, esperaste que te pidiera un autógrafo, pero no, no era un seguidor más, no quería serlo. Quiero ser como ahora, parte de tu vida, bueno eso creo, eso me haces pensar. Te quiero tanto.
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